En realidad no soy un escritor con experiencia... na sean tan duros, solo escribo porque mi pena se calma y me alegria se multiplica, y este es mi primer intento de una novela corta, llena de cuentos cortos, no dejen de dar su comentario que eso me ayuda y su tienes críticas y sugerencias mejor. GRACIAS!!
En realidad no soy un escritor con experiencia... na sean tan duros, solo escribo porque mi pena se calma y me alegria se multiplica, y este es mi primer intento de una novela corta, llena de cuentos cortos, no dejen de dar su comentario que eso me ayuda y su tienes críticas y sugerencias mejor. GRACIAS!!
Pues no hubo nada que hacer, la vio desganado tantas veces, que nunca entendió como no pudo percatarse de cómo la belleza le resonaba en un eco permanente, invistiendo su presencia con una altivez, con una gracia de ave blanca o de cierva fragante que al caminar hacia surcos en el pasto con sus pasos elevados y rápidos, andaba por la vida con una alegría producida más por sus naturales descuidos que por una actitud razonada.
Ambos amigos, sabían muy bien lo que hacían, y maldecían esa forma de hacer las cosas, ambos nunca se engañaron a pesar de nunca decirse nada. Se gustaban desde que se conocieron por tercera vez, y se empezaron a querer a la cuarta vez de conocerse, y es que cada uno se revelaba cada vez más.
Esa misma tarde eran diferentes al encararse ante la desnuda intimidad de ser cada vez más ellos mismos. Eran ellos, pero diferentes, y así terminaron por amarse, con un amor callado, más aun, ni siquiera pronunciado, que en ocasiones no era y a veces lo era demasiado.
Muchos meses pasaban y sin esperarlo, algún día, cuando se miraban muy de cerca, se les notaba, pero cada uno, al estar frente a la evidente verdad, se anudaban el corazón pensando que solo era él reflejo de lo que cada uno sentía, y terminaban enfadándose uno con el otro por no decir nada, para terminar, por el mismo proceso de proyección, con un odio hacia sí mismo por no decir nada.
Su amistad era prudente y tan previsible por la alegría de su carácter, era tan accesible la franqueza de su amistad, que nadie nunca pensó que se querían, si no que eran dos que habían sido amigos desde siempre y ya había entre ellos la barrera imaginada de creerlos hermanos, logrando una fallo en la memoria colectiva de sus conocidos, que al verlos por primera vez se juntaron en dudas a compartir quien tenia a quien, quien daría el primer paso.
Ambos sabían que esa noche amanecerían juntos, más desnudos que su propio secreto, más lucidos acerca de lo que significaría no tener que verse nunca más, era como una predicción justa que tenía más sabor a sentencia que a milagro. Y dejaron el secreto entre el cabello regado de ella, los gemidos hechos rocíos en las agitadas sabanas y entre los latidos sexuados del cansancio, se abrazaron por horas, no disfrutándolo tanto por estar pensando que posiblemente el otro ya quería desanudarse y levantarse, pero ninguno de los dos se enteraron nunca que en ese instante en que su desnudes se recuperaba, en que se habían dado todo, hubiesen muerto por que el otro le subiese propuesto que se quedara en su vida para siempre, pero ninguno lo dijo. Solo después de 51 años, ella frente a la tumba de él, se pregunto con un dolor ya sin causa: y si lo hubiese dicho yo.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados